Ir en bicicleta con niños por la montaña
por Juan García Barrachina
Rodar en bicicleta con la familia puede suponer una experiencia gratificante,
divertida e incluso educativa, pues tenemos un público incondicional, los niños, que por lo general
reciben con agrado la bicicleta (regalo por...) convirtiéndose, afortunadamente, en uno de
los juguetes estrella pese a la gran variedad de videojuegos y otras formas de
ocio electrónico.
Pero la bicicleta no debe ser considerada exclusivamente como un juguete o un pasatiempos
más, es un medio de formación excelente en la educación física del niño y la
niña que contribuye a su desarrollo integral; y como suele ser el primer vehículo que tienen
en sus manos, podemos aprovechar para educarles vialmente en situaciones reales de tráfico
e introducirles en un mayor conocimiento del entorno.
Para que todo vaya “sobre ruedas” hay que tener presente que el tamaño de la bicicleta sea
el adecuado a las edades de cada niño, que los componentes como frenos, manetas, pedales, potencia,
manillar, etc., se acoplen a las proporciones físicas del niño. Cuando se circule por zonas
complicadas, el casco, los guantes y otros elementos de seguridad son imprescindibles.
Si los niños son pequeños o se prefiere llevarlos consigo en la bicicleta, el nuevo
reglamento de circulación (año 2003) permite transportarlos, cuando sean menores de 7 años,
en sillas homologadas y siempre que el conductor sea mayor de edad.
Antes de lanzarnos a pedalear, hay que respetar las etapas de crecimiento de los niños,
no someterlos a esfuerzos físicos superiores a su capacidad, ellos son menos sensibles a la fatiga,
por lo que la notan menos que los adultos y no paran hasta estar totalmente agotados, así que no es
bueno excederse en los recorridos. Hay que adaptar la actividad al niño y no al revés.
Su capacidad de atención, percepción y cálculo de estimaciones irán
desarrollándose con la edad. También hay que tener en cuenta que el campo visual del
niño es más limitado que el del adulto, de 80º a los 2 años pasa a los 110º de los 6 y
posteriormente ampliarse a 180º como el adulto.
¿Por dónde podemos circular? Lógicamente, y en función de la edad y destreza del niño, escogeremos aquellos recorridos más adecuados a sus posibilidades.
Con niños de 2-4 años se pueden hacer trayectos de 1 a 3 km, realizando algunas paradas o descansos, sin superar los 20-30 minutos de duración. Es un buen momento para que adquieran las primeras nociones de pedaleo, equilibrio y frenado, aunque conviene que el adulto les acompañe a pie.
Con los de 4 a 8 años ya se pueden recorrer distancias más largas, incluso con alguna pequeña cuesta. Pero sobre todo, que acaben con ganas de hacer más kilómetros de los que han hecho. Como lugares más aconsejables para pedalear, a estas edades, están las sendas ciclables, nuevo término que se refiere a una vía para peatones y ciclos, segregada del tráfico motorizado, y que discurren por espacios abiertos, parques, jardines o bosques. También podemos utilizar algún tramo de carril bici segregado o de vía verde acondicionada. Estos espacios son compartidos por ciclistas y viandantes, por lo que hay que enseñarles a ser respetuosos con los demás usuarios y estar siempre alerta.
De los 8 a los 12 años, las pistas forestales o de tierra,
los caminos rurales, las vías verdes sin acondicionar, como el caso de la vía del Serpis,
las rutas de bicicleta de montaña balizadas y de nivel bajo, son espacios donde adquirir algo de
técnica, ciertas habilidades, destrezas, manejo de cambios, y afianzar una buena
preparación física.
Con chavales de 12 a 16 años nos podemos atrever con casi todo si
están algo entrenados, sin olvidar que se trata de conseguir que circulen de forma
autónoma y correcta.
En definitiva, una ruta o excursión familiar en bicicleta debería servir, al menos, para conocer más su manejo, experimentar nuevas formas de desplazarse y descubrir nuevas sensaciones, mejorar la condición física, y para fomentar los valores de respeto y convivencia con los demás.
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