Nociones básicas de metereología.
Santiago Ferrís,montañero e ingeniero
Un aspecto fundamental a considerar a la hora de preparar cualquier excursión es la
meteorología. Incorporarla en nuestra planificación puede suponer la diferencia entre
disfrutar de una excursión o pasar una jornada realmente desagradable.
Hoy en día,
hablar de meteorología es sinónimo de tecnología y, con ella, la precisión de
los pronósticos ha aumentado - especialmente para las predicciones a corto plazo (12-48h.).
Nuestra primera acción debe ser, consultar la predicción meteorológica que
aparece en los medios de comunicación y/o en Internet o mejor aún llamar al teléfono
de contacto del refugio que haya en la zona que vamos a visitar.
Además de estas ayudas,
el excursionista debe disponer de otros recursos que complementen esta información una vez nos
encontremos en la zona de la excursión, ya que la mayoría de las excursiones recorren zonas
montañosas que suelen disfrutar de microclimas provocados por el propio relieve y están
sometidas a cambios bruscos del tiempo. Cuando vamos con niños en la excursión, debemos
extremar nuestra prudencia a la hora de valorar estas consideraciones.
El primer recurso que
conviene dominar es el uso del altímetro, que no es más que un barómetro con una
escala de altitud. El principio es sencillo: cuando permanecemos un tiempo en un sitio (un albergue o
refugio), “ajustamos” la lectura de la altura a la que nos indica el mapa topográfico,
de manera que unas horas después –típicamente a la mañana siguiente –podemos saber si ha
habido una caída de la presión progresiva (indica más altura de la que sabemos
que estamos) lo que indicaría inestabilidad o un aumento de la misma (indica menos altura) lo que
presagiaría la llegada de altas presiones normalmente asociadas a una situación estable.
Aunque no hay una regla fija, un aumento de unos 300m. sobre la altura “ajustada” la noche anterior,
debería hacernos revisar la excursión. Por otro lado, una caída rápida de la
presión (aumento de la altura) indica el paso inminente de una perturbación tanto
más intensa como lo sea la velocidad y profundidad de la caída.
La segunda habilidad que
hemos de desarrollar o aprender es la observación del cielo. En un día aparentemente claro,
la presencia de nubes de aspecto filamentoso a gran altura conocidas como cirros, es un indicador de
la llegada de un frente, por lo que probablemente hayamos de acortar la excursión prevista.
Después aparecen los cirroestratos, que se identifican porque cubren todo o parte del
cielo creando una especie de velo entre el sol o la luna y la tierra pero sin llegar a taparla. A
continuación, este velo se va compactando hasta formar un capa grisácea uniforme que
tapa el sol, son los altoestratos que indican la llegada del centro de la depresión. Poco a
poco, el cielo continúa espesándose y oscureciéndose hasta tomar el aspecto de
nubes típicas de tormenta, los nimboestratos que son las que finalmente dejan las precipitaciones.
Además de estas nubes, conviene conocer otras nubes asociadas con la inestabilidad, la
más importante de las cuales es el cúmulonimbo, nube de evolución diurna que da origen
a las tormentas vespertinas típicas del verano acompañadas frecuentemente con aparato eléctrico
y aguaceros cortos pero muy intensos. Estas nubes son planas por abajo y de color muy oscuro y se
extienden por el cielo hasta muy arriba donde presentan un inicialmente un aspecto de un coliflor y
soleado hasta que llega un momento que también se aplanan por arriba, formando un aspecto de
yunque que indica la inminencia de la tormenta.
Finalmente, si nos sorprende la tormenta es
fundamental mantener la calma. Hay que tratar de perder rápidamente altura, evitando
abrigarnos en cerca de árboles, grandes rocas o cuevas. En caso de tormentas con aparato
eléctrico, si las condiciones son tan adversas que no es prudente seguir descendiendo, hay
buscar un sitio donde destaquemos poco sobre el relieve circundante, sentarse encima de la mochila
para aislarnos de la humedad del suelo, juntar las rodillas hacia el pecho para ofrecer el aspecto
más compacto posible y protegernos con nuestra capa de lluvia. Es conveniente que toda la
familia se arremoline en torno al mismo punto para poder transmitir calor y confianza a los niños.
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