Con la llegada de los Habsburgo, el poder de la ciudad de Madrid no hizo otra cosa que crecer y consolidó su denominación como capital de España. Siglos donde se construyeron algunos de los emblemas y edificios más importantes de la capital en una ruta que es imagen viva de una época arquitectónicamente dorada de una de las ciudades más visitadas de Europa, Madrid.

Desde hace siglos, su condición de capital de España y su posición geográfica en el centro de la Península Ibérica, han dotado a la ciudad de Madrid de un papel clave en prácticamente todos los acontecimientos históricos que han tenido lugar en el país. Madrid puede presumir de reunir un conjunto arquitectónico envidiable y sus barrios, de historias propias que han pasado a los anales de la historia. También muchas de sus poblaciones han sido vitales en muchos momentos de la historia de España. No es extrañar que, por todo ello, Madrid sea uno de los puntos turísticos más importantes del estado e incluso de Europa.

La capital de España puede presumir de tener muchas zonas emblemáticas y transitadas por sus vecinos y visitantes pero, sin duda, una de las que más llama la atención es la ruta conocida como la del Madrid de los Austrias. Se trata de  un trazado que se remonta a la Edad Media y vinculada a la expansión urbanística que inició la Casa de Austria. La dinastía de los Habsburgo inició su reinado con Carlos I, obsesionado con la creación de monumentos y palacios con los que embellecer la ciudad. Pero fue con Felipe II cuando, con el traslado de las Cortes a Madrid, cuando ésta vivió su monumento más esplendoroso. El Madrid de los Austrias es un recorrido por significativos edificios renacentistas y barrocos que se alzaron entre los años 1500 y 1850 y que cabe la pena descubrir.

La primera parada, es la plaza de Ópera donde se puede encontrar el espectacular Teatro Real de Madrid, promovido por el rey Fernando VII y buen amante de la ópera. Por la izquierda del mismo, se llega hasta el Palacio Real, levantado por orden del rey Felipe V en 1738 sobre el solar dejado por el Real Alcázar, destruido parcialmente por un incendio en 1734 y, oficialmente, residencia de la Familia real española. Cerca, la Catedral de la Almudena, de más reciente construcción, el Palacio del Consejo de Estado y Capitanía General en un edificio barroco del siglo XVII y en el cruce de dos emblemáticas calles, Bailén y la Calle Mayor

Subiendo por la calle Mayor, nos encontramos con la Plaza de la Villa, antigua sede del ayuntamiento, y donde se pueden observar otros edificios importantes como la Casa de la Villa, la Casa Cisneros y la Torre de Lujanes. La Plaza Mayor es la siguiente parada. Majestuosa como pocas y con alrededor de cinco siglos de vida, recibe este nombre de una Ordenanza de los Reyes Católicos de 1480 que dictamina que ese era el nombre que debía recibir todo aquel lugar de una población con suficiente espacio abierto para celebrar el mercado y en el que se debía instalar la casa consistorial del ayuntamiento. A pocos metros, sobresale la casa de la Panadería y la estatua de Felipe III en medio de la famosa plaza.

La Plaza de San Andrés en el barrio de la Latina, la capilla de San Isidro, la calle Postas y la Puerta del Sol, epicentro de la ciudad son otros sitios emblemáticos de esta ruta. Donde también destaca la estatua del Oso y del Madroño, la estatua de Carlos III a caballo, el famoso reloj de la Puerta del Sol, la entrada a la Casa de Correos, el famoso Km.0, el convento de las Descalzas Reales en la calle Arenal y la iglesia de San Ginés.

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